Hace un rato, mientras almorzaba, estaba viendo la televisión. Sobre las 14:30 vi una serie nueva que han estrenado en Antena 3: Los Simpsons, que trata sobre una familia y sus aventuras. Lo gracioso es que el color de la carne de los personajes de la serie es amarillo, aunque los negros siguen siendo negros. Total, que cuando esta serie terminó, puse Neox. Esta cadena me gusta mucho porque tiene una programación bastante más divertida que la de Antena 3, con muchas series que me gustan. Total, sobre las tres de la tarde estaban poniendo uno de sus programas propios: Next.
Este programa es una especie de reality show en el que varios chicos o chicas (dependiendo del día) están en un autobús encerrados esperando conocer a un chico o chica (dependiendo del día, siempre del sexo opuesto a los del autobús). En realidad, pueden darse dos circunstancias, que son las mismas que las que motivan al ser humano para hacer casi cualquier cosa: el sexo/amor y el dinero. Voy a explicarlo un poco mejor con un ejemplo, porque esto es importante. Un grupo de cinco chicas se montan en el autobús, esperando de una en una tener una pequeña cita con el chico que está fuera. Pueden ir al programa por querer encontrar el amor o por dinero. Esto es porque cada minuto que el chico esté con ellas se convertirá en un euro. Ahora bien, si al chico no le gusta la chica le dirá “Next” y ella se irá y saldrá la siguiente. Esa puede ser una posibilidad. También puede no decirle “Next” y que la cita continúe. Cuando él decida que sí que le gusta la chica le dirá “¿quieres quedar otro día?” y, si a ella también le gusta, le dirá que sí y rechazará el dinero que haya ganado hasta entonces. Pero si a ella no le gusta él dirá que quiere quedarse con el dinero, y todos tan amigos.
En el programa de hoy se ha dado este mismo supuesto: varias chicas que iban a buscar chico. Mi compañero de piso estaba sentado en el sofá mientras yo comía y hemos dicho los dos: “pobre chico”. Resulta que todas las chicas que había en el autobús, a simple vista, eran feas y bastante ordinarias. Vamos, unas “¡dame tu mezenge!” en toda regla. Fueron saliendo de una en una, y él les dijo “Next” a las tres primeras cuando cada una llevaba dos minutos de cita. Entre esas 3, estaban 2 de las que parecían más guapas (Álvaro, ponte gafas la próxima vez) así que dije de nuevo: “pobre chico”. Pero resulta que cada una, tras recibir el cubo de agua fría, en vez de admitir su derrota, se ponían a decirle a él que “tampoco era su tipo”. Una de ellas, la última a la que dijo “Next”, le dijo que él parecía un orco. Acojonante.
El chico no es que fuera precioso, y tampoco era un investigador del CSIC pero, al menos, parecía buena gente y aguantó las chorradas que le dijeron con mucha templanza. La cuarta chica (y por esto es por lo que he escrito todo el tocho) era la que menos había hablado en el autobús y la que menos había hecho el capullo (sí, todas se habían puesto a bailar y a hacer cosas raras). Y a él le gustó. No era la que mejor cuerpo tenía de todas y no era la que más había destacado, pero objetivamente era la más guapa. Aparte de las apariencias, la chica era muy simpática y agradable. Después de 15 minutos de cita (en la que jugaron a Paintball y todo) él le preguntó que si ella quería quedarse con el dinero o tener una segunda cita, a lo que ella respondió que quería una segunda cita. Precioso, ¿verdad? Pues os cuento lo que estaba pasando dentro del autobús.
Desde la que pobre chica salió del autobús para tener la cita con él, todas empezaron a hablar mal de ella. Comentarios como “no sabe vestirse”, “no va a la moda”, “qué fea es”, “es una mosquita muerta, él lleva tanto con ella porque sabe que no le va a rechazar”, etc. eran los que decían. Mientras tanto, yo tenía ganas de llorar y sentía una vergüenza ajena que pocas veces he sentido en mi vida. Tras ponerla verde durante un rato, empezaron a preocuparse porque ya llevaban mucho tiempo, cuando ellas solo habían durado 2 minutos cada una (excepto la que no llegó a tener la cita con él). Lo mejor fue que empezaron a reírse de ella cuando se enteraron de que él la había escogido y, en lugar de quedarse con el dinero, quiso tener una segunda cita con él.
Al final del todo, cada una de las no escogidas dicen algo al chico (o al revés, si es que la protagonista es una chica). De una en una, fueron diciéndole a él: “no sabes lo que te has perdido”, “eres muy feo”, etc. La más gilipollas de todas, la que llamó orco al chico, le dice: “hacen muy buena pareja, porque los dos son igual de feos”. Ahí acabó el programa. Ahora: ¿alguien me puede explicar algo? El programa este lo he visto alguna que otra vez almorzando, porque la verdad es que echas unas risas con las cosas que pasan, pero lo de hoy ha sido repugnante. ¿Las mujeres sois así en la intimidad? Por Dios, espero que no.
(Escuchando, para olvidar todo esto, Guns N’ Roses – Sweet Child O’ Mine)