Mudanza definitiva

Queridos lectores, he conseguido un domino y nos mudamos a esa dirección. Allí están las entradas que hay en este blog y será allí donde escriba a partir de este momento. La página Web es: www.frasescompletas.com

¡Nos vemos por allí!

‘Next’

Hace un rato, mientras almorzaba, estaba viendo la televisión. Sobre las 14:30 vi una serie nueva que han estrenado en Antena 3: Los Simpsons, que trata sobre una familia y sus aventuras. Lo gracioso es que el color de la carne de los personajes de la serie es amarillo, aunque los negros siguen siendo negros. Total, que cuando esta serie terminó, puse Neox. Esta cadena me gusta mucho porque tiene una programación bastante más divertida que la de Antena 3, con muchas series que me gustan. Total, sobre las tres de la tarde estaban poniendo uno de sus programas propios: Next.

Este programa es una especie de reality show en el que varios chicos o chicas (dependiendo del día) están en un autobús encerrados esperando conocer a un chico o chica (dependiendo del día, siempre del sexo opuesto a los del autobús). En realidad, pueden darse dos circunstancias, que son las mismas que las que motivan al ser humano para hacer casi cualquier cosa: el sexo/amor y el dinero. Voy a explicarlo un poco mejor con un ejemplo, porque esto es importante. Un grupo de cinco chicas se montan en el autobús, esperando de una en una tener una pequeña cita con el chico que está fuera. Pueden ir al programa por querer encontrar el amor o por dinero. Esto es porque cada minuto que el chico esté con ellas se convertirá en un euro. Ahora bien, si al chico no le gusta la chica le dirá “Next” y ella se irá y saldrá la siguiente. Esa puede ser una posibilidad. También puede no decirle “Next” y que la cita continúe. Cuando él decida que sí que le gusta la chica le dirá “¿quieres quedar otro día?” y, si a ella también le gusta, le dirá que sí y rechazará el dinero que haya ganado hasta entonces. Pero si a ella no le gusta él dirá que quiere quedarse con el dinero, y todos tan amigos.

En el programa de hoy se ha dado este mismo supuesto: varias chicas que iban a buscar chico. Mi compañero de piso estaba sentado en el sofá mientras yo comía y hemos dicho los dos: “pobre chico”. Resulta que todas las chicas que había en el autobús, a simple vista, eran feas y bastante ordinarias. Vamos, unas “¡dame tu mezenge!” en toda regla. Fueron saliendo de una en una, y él les dijo “Next” a las tres primeras cuando cada una llevaba dos minutos de cita. Entre esas 3, estaban 2 de las que parecían más guapas (Álvaro, ponte gafas la próxima vez) así que dije de nuevo: “pobre chico”. Pero resulta que cada una, tras recibir el cubo de agua fría, en vez de admitir su derrota, se ponían a decirle a él que “tampoco era su tipo”. Una de ellas, la última a la que dijo “Next”, le dijo que él parecía un orco. Acojonante.

El chico no es que fuera precioso, y tampoco era un investigador del CSIC pero, al menos, parecía buena gente y aguantó las chorradas que le dijeron con mucha templanza. La cuarta chica (y por esto es por lo que he escrito todo el tocho) era la que menos había hablado en el autobús y la que menos había hecho el capullo (sí, todas se habían puesto a bailar y a hacer cosas raras). Y a él le gustó. No era la que mejor cuerpo tenía de todas y no era la que más había destacado, pero objetivamente era la más guapa. Aparte de las apariencias, la chica era muy simpática y agradable. Después de 15 minutos de cita (en la que jugaron a Paintball y todo) él le preguntó que si ella quería quedarse con el dinero o tener una segunda cita, a lo que ella respondió que quería una segunda cita. Precioso, ¿verdad? Pues os cuento lo que estaba pasando dentro del autobús.

Desde la que pobre chica salió del autobús para tener la cita con él, todas empezaron a hablar mal de ella. Comentarios como “no sabe vestirse”, “no va a la moda”, “qué fea es”, “es una mosquita muerta, él lleva tanto con ella porque sabe que no le va a rechazar”, etc. eran los que decían. Mientras tanto, yo tenía ganas de llorar y sentía una vergüenza ajena que pocas veces he sentido en mi vida. Tras ponerla verde durante un rato, empezaron a preocuparse porque ya llevaban mucho tiempo, cuando ellas solo habían durado 2 minutos cada una (excepto la que no llegó a tener la cita con él). Lo mejor fue que empezaron a reírse de ella cuando se enteraron de que él la había escogido y, en lugar de quedarse con el dinero, quiso tener una segunda cita con él.

Al final del todo, cada una de las no escogidas dicen algo al chico (o al revés, si es que la protagonista es una chica). De una en una, fueron diciéndole a él: “no sabes lo que te has perdido”, “eres muy feo”, etc. La más gilipollas de todas, la que llamó orco al chico, le dice: “hacen muy buena pareja, porque los dos son igual de feos”. Ahí acabó el programa. Ahora: ¿alguien me puede explicar algo? El programa este lo he visto alguna que otra vez almorzando, porque la verdad es que echas unas risas con las cosas que pasan, pero lo de hoy ha sido repugnante. ¿Las mujeres sois así en la intimidad? Por Dios, espero que no.

(Escuchando, para olvidar todo esto, Guns N’ Roses – Sweet Child O’ Mine)

Señores, el pulpo Paul ha muerto

El pulpo Paul, amigo de España, ha muerto hoy. Y dando esta noticia, este blog se acaba de convertir en un medio informativo del nivel de la mayoría de los telediarios. Casi todos abrían con esta noticia. ¿No pega poner al final “ADV”?

(Escuchando: One For Daddy-O – (Somethin’ Else) Cannonball Adderley)

“Yo me vuelvo loco y me quedo solísimo”

En la vida hay cosas que no te esperas, que son totalmente imprevisibles.  Ayer tuve uno de esos momentos. Estaba con dos amigos hablando sobre historias de miedo, sucesos paranormales, peleas, violencia, etc., cuando uno de ellos dijo: “es que si yo me vuelvo loco me quedo solísimo”. Creo que he vuelto a nacer.

(Escuchando Hank Jones – Summertime)

“¿Quién se ríe ahora? He ganado el sombrero”

Pero qué grandes…

Paradoja: el conejo hizo de las suyas

Es muy desagradable que un adorable y precioso conejo haga sus necesidades mientras tú le acaricias.

Pereza, pereza, pereza (ad infinitum) y lonchas de jamón italiano

Últimamente estoy muy flojo como para escribir en el blog, pero me sentía obligado a hacer una entradita, aunque fuera para decir esta tontería. De todas formas, al final de este texto, os dejaré un regalito.

Ya he vuelto de Roma. Vamos, volví hace más de dos semanas. Todo fue bien, de todas formas iré escribiendo alguna que otra anécdota. Hoy os voy a poner solo una, que sucedió el primer día que pisé suelo italiano. Estábamos muy cansados como para ir a buscar un sitio para cenar, por lo que decidimos cenar en el restaurante del hotel. Nos sentamos en una mesa y esperamos ansiosos nuestro primer contacto con la comida italiana. No recuerdo qué pedimos, pero el maître (o su homólogo en italiano) nos ofreció como entrante (antipasti) un jamón italiano. Le advertimos que éramos españoles, y que en España estaba el mejor jamón del mundo. “Yo he aprendido el arte del jamón con maestros españoles, así que no os preocupeis”, dijo con una pronunciación un poco rara.

Cuando pasaron 10 minutos vino con un plato con 7 u 8 lonchas de jamón dispuestas desordenadamente en el plato. Yo pensé que el camarero quería demostrarnos que conocía las teorías del orden y el caos, y por ello había colocado el jamón de esa manera en el plato. Como esta gente es tan elegante, en ningún momento se me ocurrió pensar que las había puesto según las iba cortando y de cualquier manera. De todas formas, eso no puede tener categoría de loncha. ¡Eran filetes! Para empezar, ese jamón era más gordo que las hamburguesas del Brutus. Y, para terminar, tenía el aspecto del típico jamón que es totalmente rojo y con una estrecha línea blanca de grasa. Era horrible. Por supuesto, el sabor era el del jamón del Mercadona. Bueno, peor, porque en Mercadona he probado jamones envasados que estaban bastante buenos.

Total, un error de novato. Fue muy gracioso cuando vino el susodicho a preguntar qué tal estaba el jamón. No sabíamos qué cara ponerle. Pero más gracioso aún fue cuando nos trajo la cuenta y esa mierda de ración de jamón nos costó 15 euros.

(Regalo: The Proclaimers – I’m Gonna Be (500 Miles) – los que vean Cómo conocí a vuestra madre y tengan Spotify lo entenderán)

Vacaciones en Roma

Señores, señora, amigos, amigas, familiares e internautas aburridos y desorientados. Me voy unos días a Roma de viaje, así que no escribiré nada nuevo hasta mi vuelta. Ya os contaré qué tal ha ido la experiencia y cómo es aquel mundo de pizzas, raviolis y risottos. Un fuerte abrazo y hasta pronto.

Comprar en iTunes Store

Esta mañana decidí comprarme una tarjeta prepago de esas para poder comprar música en iTunes Store. Lo pensaba hacer porque deseaba comprar un disco que no estaba en tiendas, así que tendría que descargarlo en plan pirata o comprarlo por Internet. Al final me decidí a comprarlo por esta tienda de Apple, que tiene casi todos los discos que uno puede desear. No me hacía demasiada gracia, ya que me gusta mucho más tener el disco en soporte físico, pero no tenía otra.

Fui a El Corte Inglés buscando esas tarjetitas. Aunque le disco valía unos 8 euros, la quería de 20 euros, para aprovechar y comprar canciones que me gustan y que me quiero escuchar en el iPod en vez de en el Spotify. Bueno, la he comprado de 25 euros, porque las había de 15, 25 y de 50. No sabéis qué gustazo eso de elegir temas, canciones y discos como el que compra gominolas. Me he comprado todo lo que quería y aún me quedan 13 euros y pico. Los guardaré para seguir comprando música por aquí. Por supuesto, si alguno de vosotros quiere alguna canción y no quiere bajarla en plan piratilla que me llame y yo le digo dónde puede comprarse una tarjeta de estas.

¿Qué puede ser peor que ser homosexual y amigo de judíos?

Un diplomático saudí ha pedido el asilo político por ser gay y amigo íntimo de una mujer judía. Echad un vistazo a esta noticia que ha salido hace un ratito en Menéame: http://www.meneame.net/story/diplomatico-saudi-pide-asilo-eeuu-tras-descubrirse-gay-tiene. Seguro que, además, el tío es respetuoso con el medio ambiente y cede su asiento en el autobús a las ancianitas. ¡A la horca!

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